El pájaro azul

El pájaro azul
anónimo (1698)
Traduzione di Carlo Collodi (1875)

Había una vez un rey, muy rica en dinero y tierras: su esposa murió, y él estaba inconsolable. Durante ocho días enteros cerrados en una pequeña sala de estar, donde se golpeó la cabeza en la pared, tal era el dolor que desgarraba el alma; por temor a que terminaría coll'ammazzarsi, los colchones fueron alojados entre la pared y la pared de la habitación. Para que pudiera sbatacchiarsi a voluntad, y no había ninguna posibilidad de que pudiera resultar herido. Todos sus temas messero de acuerdo para ir a verlo y le dicen a los que se cree razones más adecuados, para iscuoterlo por su tristeza. Algunos preparados charla muy seria: otros salieron con las cosas buenas e incluso alegre: pero todos estos no charla sobre él ni frío ni caliente. Ni siquiera se preocupaba por lo que se le dijo.

Finalmente se presentó, entre otros, una mujer todo se oscureció y se cubre con velos negros, mantillas y las secuelas del gran duelo, que llanto y llorando tan fuerte, y gritos tan aguda y ventilado, Me sorprendió que el Rey. Ella le dijo que no iba a hacer como los demás: y que no era por su dolor iscemargli, sino más bien para aumentarla, sin saber que habría una cosa que el derecho del mundo a llorar perdido una buena esposa: y que ella, que el mejor de los maridos habían caído, Se hizo en nombre de llorar, hasta que tuvo lágrimas y ojos. En este punto, Ella redobló sus gritos y sus lágrimas, y el Rey, siguiendo el ejemplo de su, Hizo como un niño gritando.

Él recibió mejor que los demás: y él contó la historia de las buenas cualidades de su querido difunto, tal como lo hizo los méritos de su ser querido fallecido; y montones discorsero, ninguno de los dos sabe qué decirle en nombre de su gran aflicción. Cuando la viuda astuta notó que el sujeto estaba en las últimas, Se levantó el velo un poco y el rey era capaz de recrear la vista en el estudio de este bonito desconsolada, que debajo de dos largas pestañas muy negras se dio la vuelta y se trasladó con moltissim'arte un par de ojos, grande y azul profundo, como el azul de un cielo estrellado. Su tez era siempre fresco. El rey comenzó a mirar con mucho cuidado: un poco a la vez, Habló menos de su esposa, y termina por no hablar de ello. La viuda se cuidó de decir que quiere más y llorar a su marido: e il Re la consigliava a non voler rendere eterno il suo dolore. Per farla corta, tutti cascarono dalle nuvole, nel sentire che il Re l’aveva sposata, e che il nero s’era cambiato in verde e in color di rosa.

Spesso e volentieri basta conoscere il debole delle persone, per impadronirsi del loro cuore e farne quel che ci pare e piace.

Il Re, dal suo primo matrimonio, non aveva avuto che una sola figlia, la quale passava per l’ottava meraviglia del mondo; e si chiamava Fiorina, perché somigliava alla Flora, tanto era fresca, giovine e bella. Ella non portava mai vestiti sfarzosi; preferiva invece la seta leggera, con qualche fermaglio di pietre preziose e molte ghirlande di fiori, che facevano una figura magnifica intorno ai suoi bellissimi capelli. Aveva quindici anni, quando il Re si rimaritò.

La novela reina envió a una de sus hijas, quien se crió en la casa de su madrina, Sussio la parte delantera: pero ninguno se había vuelto más bonita y más bonita.

El hada se había tomado un gran compromiso: pero sin ninguna buena concluirá: Pero él los quería mucho bien.

Llamaron a trotona, porque estaba en la cara de las manchas rojizas, como la trucha: su cabello era tan gordo y imbiosimati, no aprovecharse de ella para tocar su piel cetrina y goteaba grasa.

La reina les quería un alma buena y no tenía nada en su boca que su querido trotona; Fiorina y por qué había estado en el que todo sea mucho más favorecido de su hija, Se sentía un gran enchufe para el corazón, e hizo lo posible para poner Fiorina una aversión a su padre.

No hay día en que la reina y trotona no inventaron el mal contra Fiorina; pero la princesa, tan dulce en su carácter y lleno de espíritu, pasamos por encima y no cómo fingen intención de muelles.

El rey dijo un día a la Reina que trotona y Fiorina eran tanto casadera, y que tan pronto como se presentó un príncipe en la Corte, Él tenía que asegurarse de que le dará una.

“Quiero”, dijo la Reina, “mi hija está casada con el primer: Cuenta con más años de su, y puesto que es mil veces más bonita, por lo que ni siquiera es de dudar y pensar en ello.”

Il Re, que no llegó cara a cara, Dijo que por su parte estaba encantada, y que el propietario dejó vagar.

En poco tiempo supo que el rey venía Grazioso. Hubo un monumento de otro rey más valiente y más espléndida de él. Su espíritu y su persona respondieron a un pelo a su nombre.

Cuando la reina llegó a conocer, inmediatamente poner en marcha todas las cuerdas y todos los trabajadores de las modas, para configurar el equipo a su trotona.

más, Ella rogó al rey que no hacer ningún traje nuevo Fiorina; y, aguantar a su criada, hizo a quitarse toda su ropa, peinados y alegrías, El mismo día llegó el príncipe azul; y así Fiorina, cuando fue a vestirse, Ni siquiera encontró el biracchio de una cinta y enviado a tiendas, per comprare delle stoffe: ma risposero che la Regina aveva loro proibito che le fosse venduta la più piccola cosa. Ragione per cui ella si trovò con un vestituccio da casa, abbastanza indecente, e n’ebbe tanta vergogna che, all’arrivo del Re Grazioso, andò a rincattucciarsi in un angolo della sala.

La Regina lo ricevé con grandi salamelecchi e gli presentò sua figlia, che era più risplendente del sole, e più brutta del solito, a cagione dei tanti fronzoli che aveva addosso. Il Re si voltò da un’altra parte per non vederla: e la Regina intestata a credere che gli piacesse troppo e che non volesse impegnarsi, cercava tutti i mezzi per mettergliela dinanzi agli occhi. Egli domandò se non vi fosse anche un’altra Principessa, chiamata Fiorina.

“Uno,” Trotona indicandola dijo col dijo “Allí se esconde, porque es un broccola.”

Fiorina se sonrojó y se convirtió en hermosa, pero lo más justo, Está bien que el Rey quedó deslumbrado. Se levantó rápidamente, Hizo un grand'inchino a la princesa, y él le dijo:

“Su belleza es tal, que no necesita adornos y otros objetos de adorno.”

“señor”, ella respondió, “Juro que no es mi costumbre de llevar ropa indebidos, como este: y me hubieran hecho un gran regalo no dar la vuelta hacia mí.”

“no se pudo”, -exclamó Niza, “que una princesa tan maravilloso, estando presente en alguna parte, Pueden tener ojos para otra, y no para ella!”

“Ah!”, la Reina dijo con irritación, “Me paso el tiempo muy bien para escuchar sus palabras. Créeme, señor: Fiorina ya es bastante búho y no tiene por qué ser objeto de burlas con tantos galantería.”

El King Air Niza entiende las razones de que estaban hablando como la Reina; pero no ser hombre de peritarsi o podría tener que sometimiento, Dio rienda suelta a su admiración por Fiorina, y habló juntos durante tres horas a la vez.

La Reina, que tenía un pelo diablo y trotona que no podía encontrar la paz de ser princesa favorita, tanto fue a quejarse con resentimiento por el Rey y lo obligó a permitir que Fiorina fuera encerrado en una torre de todo el tiempo que el rey Encanto quedó en manos de la Corte, así porque no tienen manera de ser uno con el otro. decirlo que hacerlo, Fiorina fue pronto de vuelta en su habitación, cuatro hombres enmascarados la llevaron a la parte superior de la torre, y la dejaron en la mayor consternación, pues sabía muy bien que con este tiro que quería aprovechar la oportunidad para complacer al Rey, que la quería tanto ya, le hubiera gustado a su marido.

El Rey Niza, que no sabía nada de la violencia utilizada para la princesa, Se espera que ansia hacia adelante para volver a verla. Ella habló de su pueblo que el rey había puesto entorno para darle un séquito de honor; pero estos, por Orden de la Reina, le dijeron que todo el mal: que era una perra, una caprichosa, de mal humor, la tortura de amigos y servidores, che non si poteva essere più sudici di lei e che spingeva la spilorceria fino al segno di vestirsi peggio d’una pecoraia, piuttosto che comprarsi delle belle stoffe, coi denari che le passava suo padre. A sentire tutte queste storie, Grazioso si rodeva dentro di sé, e aveva certi scatti di collera, che durava fatica a frenarli.

“No”, diceva esso fra sé e sé, “non è possibile che il cielo abbia messo un’anima così volgare in quell’opera così bella della natura. Sia pure che quando la vidi, non fosse vestita con molta decenza, ma il rossore che n’ebbe, prova abbastanza che quella non è la sua abitudine. Come può essere cattiva, con quell’aria di modestia e di dolcezza che innamora? non mi va giù: e credo invece che la Regina ne dica tanto male apposta. Le matrigne ci sono per qualche cosa in questo mondo: e quanto alla Principessa Trotona, è una così brutta versiera, che non mi farebbe punto specie se invidiasse a morte la più perfetta fra tutte le creature.

Mentre egli fantasticava così, i cortigiani che gli stavano dintorno capirono dalla sua cera, che a dirgli male di Fiorina, non gli avevano fatto un gran piacere. Ce ne fu uno più svelto degli altri, il quale mutando linguaggio e registro, per arrivare a conoscere i sentimenti del Re si fece a dire le più belle cose sul conto della Principessa. A quelle parole, egli si svegliò come da un sonno profondo, prese parte alla conversazione e la gioia brillò sul suo viso. Amore, Amore,… lo difícil que es conocer usted está ocultando! Usted asomando por todas partes: en los labios de un amante, I 'ojos, el sonido de su voz: Cuando realmente amas, el silencio y la conversación, la alegría y la tristeza, todo lo que revela lo que sientes dentro.

La reina impaciente por saber si el rey Encanto había mantenido firmemente tomada Fiorina, Llamó a los que él había admitido a su confianza, y pasó el resto de la noche para interrogarlos.

Todas las cosas que ellos dijeron valían más que confirmar la idea de que el rey amaba Fiorina.

Pero lo que voy a decirle de matar el espíritu de la pobre princesa? Estaba tumbada en el suelo en la parte más alta de la torre terrible, dove era stata portata quasi di peso dagli uomini mascherati.

Sarei meno da compiangere”, diciendo que, “se mi avessero rinchiusa qui, prima di conoscere quel simpatico Re. La memoria che serbo di lui non può servire che a far crescere i miei tormenti. Si vede bene che la Regina mi tratta in questo modo per impedirmi di poterlo vedere. Povera me! quanto mi dovrà costar cara questa po’ di bellezza che il cielo mi ha dato!”

E dopo piangeva, e piangeva tanto dirottamente, che la sua stessa nemica ne avrebbe avuto pietà, se avesse veduto il suo dolore. E così passò la nottata.

El Regina, che voleva amicarsi il Re a furia di moine e di segni particolari di riguardo e d’attenzione, gli mandò degli abiti splendidissimi, d’una magnificenza senza pari e tagliati sulla moda del paese: e più, le insegne dei cavalieri dell’ Amore, ordine cavalleresco istituito dal Re, per voler di lei, il giorno stesso del loro matrimonio. Era un cuore d’oro, smaltato color di fiamma, contornato da parecchie frecce e trapassato da una di queste, col motto: “una sola mi ferisce”.

La Regina aveva fatto tagliare per il Re Grazioso un rubino grosso come un uovo di struzzo: ogni freccia era di un solo diamante, lungo quanto un dito, e la catena alla quale era appeso il cuore, tutta fatta di perle, delle quali la più piccola pesava un mezzo chilogrammo: en breve, dacché mondo è mondo, non s’era mai veduto nulla d’eguale.

A quella vista il Re rimase così stupito, che per qualche minuto non seppe trovare il verso di dire una parola. Nel tempo medesimo gli fu presentato un libro, cuyas hojas eran en papel de seda, con miniaturas maravillosos y la cubierta todo de oro, y de las yemas, y en el que fueron escritos con un discurso muy apasionado y galante los estatutos de la Orden de 'Cavalieri del Amor.

Ellos le dijeron al rey que la princesa, él ve, ella le rogó a querer ser su caballero; y mientras tanto le envió estos regalos.

A estas palabras,, se atrevió a jactarse de que esta era precisamente la princesa amada por él.

“Ven! “, exclamó, “la bella princesa Fiorina piensa en mí de manera tan generosa y cortés?”

“señor”, dijeron, “se toma el nombre equivocado; venimos aquí para ser parte de la preciosa trotona.”

“Es la trotona que me quiere para su jinete?”, dijo el rey, con un semblante serio y helada “Lo siento, no puedo aceptar tal honor, ma un sovrano non è padrone di prendere gl’impegni che vorrebbe. Io conosco i doveri d’un cavaliere, e vorrei adempirli tutti: preferisco dunque non avere la grazia, che ella mi offre, piuttosto che dovermene rendere indegno.

E rimesse subito nella cestina il cuore, la catena e il libro, e rimandò ogni cosa alla Regina, la quale ci corse poco che, insieme a sua figlia, non affogasse della bile per il modo disprezzante col quale il Re straniero aveva accolto un favore così singolare.

Appena Grazioso ebbe il tempo di recarsi dal Re e dalla Regina, entrò nel loro appartamento colla speranza di trovarvi Fiorina. La cercò cogli occhi dappertutto: e quando sentiva qualcuno entrare nella stanza, si voltava subito a guardare; si vedeva che era inquieto, e di cattivo umore. La malvada reina había adivinado lo appuntino príncipe meditó en el corazón, pero era indiferente que no saber nada.

Se habló de los juegos de recreo; y él respondió a la inversa. Con el tiempo se preguntaban Niza, donde la Princesa Fiorina.

“señor”, dijo con orgullo reina, “Rey su padre ha prohibido salir de sus habitaciones, siempre y cuando mi hija no tomó su marido.”

“Y lo que la razón”, Él respondió el Rey, “No puede haber, tomar prisionero a la bella Princesa?”

“Non lo so”, dijo la Reina, “y aunque lo supiera no lo creería obligado punto de decirle.”

Para el rey había subido el berrinche hasta que la punta del cabello. Dio las miradas, ladeado, un trotona, y pensó que era debido a que el monstruo, se gli era stato tolto il piacere di veder la Principessa. Si congedò in quattro e quattr’otto dalla Regina, perché la sua presenza gli faceva male al cuore.

Quando fu tornato nella sua camera, disse a un giovane Principe che lo aveva accompagnato e al quale voleva un gran bene, di spendere tutto quello che ci fosse voluto, pur di tirargli dalla sua qualche cameriera della Principessa, e aver così il modo di parlarle un solo momento.

Questo Principe trovò senza fatica alcune dame di Corte che s’intesero con lui: e fra le tante, ce ne fu una che gli dètte per sicuro che quella sera stessa Fiorina sarebbe stata a una finestrina bassa, che dava sul giardino; e che di lì il Principe avrebbe potuto parlarle: significa bien, adoperando tutte le cautele da non essere scoperto, perché, diciendo que, il Re e la Regina sono tanto severi, che se scoprissero che io ho tenuto di mano agli amori del Principe Grazioso, per me sarebbe morte sicura.

El Príncipe, contento da non potersi dire di aver menata la cosa fino a quel punto, le promise tutto quello che volle, e corse a fare la sua parte col Re, avvertendolo dell’ora fissata per il ritrovo. Ma la confidente, che era di malafede, andò subito a risoffiare ogni cosa alla Regina, e si messe ai suoi ordini.

Il primo pensiero della Regina fu quello di mandare la propria figlia alla piccola finestra; e la imbeccò così bene, che Trotona, sebbene fosse una grande stupida, non dimenticò un etto di quello che doveva dire e fare.

La notte era così buia, sería imposible de notar el Rey de trappoleria, incluso si él no hubiera tenido razones para creer que algunos de sus hechos: por lo que se dirigió a la ventana con un transporte de alegría increíble.

Y allí se dijo trotona todas esas cosas que dio Fiorina, asegurarle a su gran amor.

trotona, aprovechando la ambigüedad, Él respondió que era el más miserable de este mundo, debido a una madrastra de manera despiadada y que debía passarne todavía quién sabe cuántos, antes de que su hija no se había casado.

El rey juró y dijo que si ella lo hubiera querido para su marido, Sería más que feliz de dejar a un lado su corona y su corazón.

Y al decir esto, Se quitó un dedo y pegándolo en el dedo anular trotona añadió que esta era una promesa eterna de su fe, y fue a ella para fijar la hora de la partida. trotona respondió, lo mejor que pudo, todos estos cálida amabilidad.

Se había dado cuenta muy bien que en respuesta a ella no era un grano de sentido común: lo que desagradaría, si no se ha convencido de que el miedo aparición repentina de la Reina iba a ser la causa de esos discursos incoherentes.

Se separó de ella, con la condición de que volvería al día siguiente: y ella prometió de todo corazón.

El Regina, Yo sabía que el éxito de la primera entrevista, Ella comenzó a esperar para siempre. de hecho, fija el día de salida, el Rey fue a tomar en un carro volador, tirado por ranas con alas, regalo fattogli da un Mago amico suo.

La notte era buia di molto. Trotona uscì misteriosamente da una piccola porta, y el Rey, che la stava attendendo, la prese fra le sue braccia e le giurò cento e cento volte fedeltà eterna!

Ma siccome non si sentiva in vena di seguitare a volare per lungo tempo nel suo cocchio volante, senza sposare la Principessa, che amava tanto, così le chiese dove voleva che si facessero le nozze: ella rispose che aveva per comare una fata chiamata Sussio, molto conosciuta, ed era suo avviso di andare al castello di lei.

Il Re non sapeva la strada, ma bastò che dicesse ai suoi grossi ranocchi: conducetemi là. Essi sapevano la carta geografica dell’Universo, e in pochi minuti portarono lui e la Trotona dalla fata Sussio.

Il castello era così bene illuminato, che il Re, arrivandovi, si sarebbe subito avvisto del suo errore, se la Principessa non avesse avuto la malizia di coprirsi tutta col velo. Chiese della comare: la chiamò a quattr’occhi, e le raccontò il come e il quando avesse ingannato il Principe Grazioso, pregandola a fare in modo di rabbonirlo.

“Ah! mi hija!”, dijo el hada, “la cosa non sarà facile: egli ama troppo Fiorina, e son sicura che ci farà disperare, e dimolto.

Intanto il Re le aspettava in una sala, le cui pareti erano di diamanti, così nitide e così trasparenti, da lasciargli vedere, a traverso di essi, la Sussio e Trotona, che parlavano fra di loro.

Credé di sognare.

“posible”, diceva, “che io sia stato tradito? O sono i diavoli, che hanno portata qui questa nemica della nostra gioia? Vien’ella forse per avvelenare il nostro matrimonio? E la mia diletta Fiorina non si vede venire! Chi sa che il padre suo non l’abbia inseguita fin qui!”

Molte altre cose gli passavano per la testa, che lo mettevano in grande agitazione; ma il peggio fu quando le due donne entrarono nella sala, e che Sussio gli disse con voce di comando:

Re Grazioso, ecco qui la Principessa Trotona, alla quale avete dato la vostra parola, essa è mia figlioccia, e desidero che la sposiate subito”.

“Yo”, Exclamó el Príncipe, “io sposare quel brutto scarabocchio? Si vede proprio che mi avete preso per un uomo di pasta frolla, a farmi certi discorsi. Sappiate intanto che io non le ho fatta nessuna promessa, e se ella dice il contrario, si merita il titolo…”

Non proseguite”, disse Sussio, “e badate bene di non mancarmi di rispetto.

Sia pure”, Él respondió el Rey, “Debería respetarte, ya que puede merecer un hada: pero también quiero que me hagas mi princesa.”

“Y no soy tu princesa, spergiuro?”, Said trotona, que muestra el anillo, “¿A quién le da este anillo como una promesa de fe? ¿A quién le habla con la pequeña ventana, No si conmigo?”

“¿por qué?”, respondió, “Por lo tanto, se me ha traicionado… engañado? No, y mil veces no! No quiero ser la víctima y el hazmerreír de los demás. Su, su, ranas! mis valientes ranas! Voy a salir de inmediato.”

“No es algo que se puede hacer sin mi permiso”, disse Sussio. Ella lo tocó, y sus pies son atacados all'impiantito, como si no hubiera quedado clavado.

“Quand'anco I lapidaste”, la disse que Re, “incluso si vivo scorticaste, Nunca seré el otro el de Fiorina; se toma mi resolución, e fate pure di me quello che più vi piace.

Sussio messe in opera tutto, dolcezze, maniere, promesse, preghiere; Trotona pianse, strillò, singhiozzò, andò in convulsioni, e si calmò. Il Re non aprì più bocca, e guardandole tutte e due con grandissimo disprezzo, non rispose sillaba alle loro cicalate.

E così passarono venti giorni e venti notti, senza che le due donne si chetassero un minuto, e senza che sentissero il bisogno di mangiare, di dormire e di mettersi a sedere.

Alla fine Sussio, stanca morta da non poterne più, disse al Re:

“Bueno, voi siete un ostinataccio, né c’è verso di farvi intendere la ragione: scegliete dunque: o sett’anni di penitenza, per aver dato la vostra parola senza mantenerla, o sposare la mia figlioccia”.

Il Re, che fin allora aveva serbato un profondo silenzio, gridò subito:

Fate di me tutto quel che volete, purché io sia liberato da questa sguaiata”.

Sguaiato voi”, replicò Trotona inviperita. “Ci vuol davvero una bella faccia fresca, cómo su, sovranuccio da un soldo la serqua, a venire con un equipaggio da ranocchiai fino nel mio paese, per dirmi delle insolenze e per mancarmi di parola. Se aveste un brindello d’onore, terreste forse questo contegno?”

I vostri rimproveri mi straziano l’anima” dijo el rey, in atto di canzonatura. “Capisco anch’io che ho un gran torto a non sposare questa bella fanciulla!”

“No, no, non la sposerai mai”, gridò Sussio tutta stizzita. “A te non rimane altre che volare da questa finestra, perché per sett’anni interi tu sarai l’uccello turchino.

A queste parole il Re cominciò a cambiare d’aspetto; le braccia si vestono di penne e formano le due ali: le gambe e i piedi diventano neri e sottili; gli crescono delle unghie appuntate; il corpo si assottiglia e si cuopre tutto di lunghe piume finissime e macchiate di turchino; gli occhi si fanno tondi e brillano come due soli; il naso ha preso il garbo di un becco d’avorio; sul suo capo spunta un ciuffetto bianco, in forma di diadema; canta da innamorare e parla nello stesso modo.

Ridotto in quello stato, manda un grido di dolore nel vedersi così trasfigurato e, pigliando il volo a ali spiegate, fugge dal funesto palazzo di Sussio.

Pieno l’anima di tristezza infinita, va svolazzando di ramo in ramo, scegliendo a preferenza gli alberi consacrati all’amore o alla malinconia; e ora si posa sui mirti, ora sui cipressi: e canta delle arie pietose, colle quali piange sulla sua trista sorte e su quella di Fiorina.

Dove l’avranno nascosta i suoi nemici?”, egli diceva, “che sarà mai accaduto di quella bella infelice? Il cuore spietato della Regina l’avrà lasciata ancora in vita? Dove potrò cercarla? E sarò dunque condannato a passare sette anni senza di lei? Forse in questo tempo le daranno uno sposo, e io perderò per sempre l’unica speranza che mi faccia cara la vita.

Questi pensieri accuoravano così forte l’uccello turchino, che gli venne voglia di lasciarsi morire.

Intanto la Sussio aveva rimandato Trotona dalla Regina madre, la quale stava in gran pensiero sul come fosse andato a finire lo sposalizio.

Ma quando vide la figlia, e che riseppe da lei tutto l’accaduto, Tomó una furia aterradora, retroceda, que fue a caer de nuevo en los pobres Fiorina.

“Quiero”, dijo, “para que se arrepienta más de una vez que había sido capaz de caer en el amor con el rey de Niza.”

Ella subió en la torre junto con trotona, que estaba vestida de 'sus más espléndidas prendas: y trajo en una corona de diamantes y levantó la cola de su manto real de los barones estado más rico tres niños'.

En el dedo gordo del pie que tenía el anillo del rey con Encanto, el mismo hombre que había dado a los ojos Fiorina, el día en que habló junto.

Estaba aturdido y no sabía qué pensar, ver trotona lo largo de la gala.

“Esa es mi hija”, dijo la Reina, “que vino a traer regalos de su boda; que era la esposa del rey con Encanto, la cual está enamorado muertos: que ya no es solo una pareja feliz de ellos!…”

Y así diciendo, Ellos fueron explicados en frente de la princesa telas de oro y plata, el trígono, i NASTRI, Las piedras preciosas estaban en una gran cesta de filigrana de oro. En la presentación de todas estas cosas, Trotona pretendía poner un ojo en el anillo del Rey; por lo que la Princesa Fiorina podría ya no dudar de su desgracia. Ella gritó con el acento de desesperación que togliessero ante los ojos de todos esos regalos tan mortal; que ya no quería vestir, que no sea negro; o más bien morir ahora. Se perdió el conocimiento. La reina cruel, delicias del tiro hizo, No quería que se había proporcionado ningún alivio; la lasciò sola in quello stato compassionevole, e corse malignamente a raccontare al Re che sua figlia era talmente invasata dall’amore, fino al segno di commettere delle stravaganze senz’esempio: e che bisognava stare attenti, perché non potesse fuggire dalla torre.

Il Re rispose che era padrona di regolare questa faccenda a modo suo, y que, quanto a lui, non avrebbe avuto nulla da ridire in contrario.

Quando la Principessa si fu riavuta dallo svenimento e poté ripensare al contegno, che tenevano con lei, ai mali trattamenti che riceveva dall’indegna matrigna e alla speranza perduta per sempre di sposare il Re Grazioso, il suo dolore si fece così acuto, che pianse tutta la notte: e affacciatasi alla finestra, si sfogò in lamenti che straziavano il cuore. Quando vide albeggiare, richiuse la finestra e seguitò a piangere.

La notte di poi aprì la finestra, e sospirando e singhiozzando versò un fiume di lagrime; ma appena fatto giorno tornò a nascondersi nella sua stanza.

Intanto il Re Grazioso, o per meglio dire, il bell’uccello turchino, non finiva mai di svolazzare intorno al palazzo: egli pensava che la sua cara Principessa vi era rinchiusa: e se i lamenti di lei erano strazianti, i suoi non lo erano di meno.

Egli si avvicinava alle finestre più che poteva, per metter gli occhi dentro alle stanze: ma la paura che Trotona non lo scorgesse e non le nascesse il sospetto che fosse lui, lo teneva indietro dal fare quanto avrebbe voluto.

Ci va della mia vita”, diceva egli fra sé, “e se quelle due versiere mi scuoprissero, sarebbero capaci di qualunque vendetta; e così bisognerebbe o che io mi allontanassi di qui o che mettessi a repentaglio i miei giorni.

Questi ragionamenti lo persuasero a pigliare tutte le precauzioni immaginabili, y, para la habitual, cantava soltanto di notte.

Rimpetto alla finestra, dove stava Fiorina, c’era un cipresso di una grandezza maravigliosa: l’uccello turchino venne a posarvisi sopra. Appena si fu posato, sentì una voce che si lamentava in questo modo:

Dovrò ancora soffrire per molto tempo? e la morte non verrà a liberarmi da queste pene? Quelli che hanno paura della morte, se la vedono arrivare anche troppo presto: io la desidero, e la crudele mi sfugge. Ah! Regina senza cuore! che t’ho io fatto per tenermi così iniquamente imprigionata? Non puoi inventare altri modi per martoriarmi? Oramai non ti manca altro che farmi vedere coi propri miei occhi, la felicità che gode la sua indegna figlia col Re Grazioso”.

L’uccello turchino non aveva perso una sillaba di questo lamento: ne rimase stupito, e aspettò con una smania indicibile che il sole si levasse, per vedere la donna che si disperava tanto. Ma quando il sole si levò, ella aveva già richiusa la finestra, e s’era ritirata.

L’uccello, curioso, fu puntuale a tornare la sera dopo. Era chiaro di luna. E vide una fanciulla alla finestra della torre, che ricominciava la storia de’ suoi affanni.

“¡Ay, sorte, sorte!”, diciendo que, “tu che mi cullasti nella speranza d’un trono: tu che mi avevi reso l’amore del padre mio, che t’ho mai fatto, per dovermi sommergere in quest’oceano di grandi amarezze? È proprio scritto che si debba cominciare fin da un’età così giovane, come la mia, a provare la tua incostanza? Ritorna, o barbara, ritorna da me: io non ti domando che una grazia sola; poni fine al mio spietato destino.

L’uccello turchino stava tutto in orecchi, e più ascoltava, più si persuadeva che la donna che lamentavasi a quel modo, doveva essere la sua graziosa Principessa.

E le disse:

Adorata Fiorina, maraviglia de’ nostri giorni, perché volete por fine così repentinamente ai vostri? C’è sempre speranza di trovare un rimedio alle vostre afflizioni”.

“Ven?… chi è che mi volge queste parole di consolazione?” diss'ella.

Un Re infelice”, rispose l’uccello, “il quale vi ama e non amerà che voi sola.

Un Re che mi ama?”, ella soggiunse, “no sería el caso de un lazo tendido por 'mis enemigos? Pero, después de todo, ¿Qué ganaría la Reina? Si ella quiere saber mis sentimientos, Estoy listo para dirglieli con mi propia boca.”

“No, mi princesa”, rispose l’uccello, “el amante que te habla no es capaz de traición.”

Al decir estas palabras, Él se apoyó en la ventana. Fiorina estaba terriblemente asustada al principio, un pájaro tan inusual, que habló con tanta sangre, como un hombre, aunque tuvo un pequeño compañero voz a la del ruiseñor; pero la belleza de sus plumas, y más de las cosas que se dicen en especie, Que la tranquilizaron.

“Calle de la misión, por tanto, se permitió volver a verte, mi princesa?”, esclamò. “¿Puedo tomar el sol en tales satisfacción, sin morir de alegría? Pero, solo! porque esta alegría está envenenado por estás, nos vemos en la cárcel, e dallo stato, nel quale l’iniqua Sussio mi ha trasfigurito per sette anni!”

E voi chi siete, grazioso uccello?”, diseña la Principessa, facendogli delle carezze.

Voi avete pronunziato il mio nome”, soggiunse il Re, “e fate finta di non riconoscermi?”

“Ven!”, diseña la Principessa. “posible, che il più gran Re del mondo!… possibile che il Re Grazioso si sia cambiato in quest’uccellino?”

“¡ay! Pur troppo è così, mia bella Fiorina”, egli riprese a dire, “e l’unica cosa che in tanta disgrazia mi sia di sollievo, gli è di sapere che ho preferito questo martirio a quello di dover rinunziare alla gran passione che ho per voi.

“pierna?”, disse Fiorina. “Ah! para la caridad, non cercate di ingannarmi. Lo so, lo so, che avete sposato Trotona: ho riconosciuto il vostro anello nel suo dito: l’ho veduta tutta fiammante dei vostri brillanti. Essa è venuta a insultarmi qui, in questa orribile prigione, carica del peso di una corona e di un manto reale, avuto in dono da voi, mentre io ero carica di catene e di ferri!…”

E voi vedeste Trotona in questo abbigliamento?”, interruppe il Re, “ed essa e sua madre ebbero tanta sfacciataggine da dirvi che tutti quei gioielli erano un regalo mio? Oh cielo! si può essere più sfacciatamente bugiardi di così? E non potermi vendicare come vorrei!… Sappiate dunque che tentarono di mettermi in mezzo: que, valendosi del vostro nome, mi fecero rapire quella brutta megera di Trotona; pero, appena avvistomi dello sbaglio, l’ho piantata lì, e ho preferito piuttosto diventare per sette anni l’uccello turchino, che mancare alla fede che vi ho giurata.

Fiorina provava un piacere così grande, udendo parlare in questo modo il suo caro amante, che non sentiva più i tormenti della sua prigionia. Che cosa mai non gli seppe dire per consolarlo del suo tristo caso e per accertarlo che ella avrebbe fatto per lui, ciò che esso aveva fatto per lei?

Il giorno cominciava a farsi chiaro. Molti ufficiali della corte erano già alzati: e l’uccello turchino e la Principessa parlavano ancora fitto fitto fra loro. Alla fine si separarono con gran dispiacere, dopo essersi scambiata la promessa che tutte le notti si sarebbero riveduti.

La gioia di ritrovarsi insieme fu tanto grande, da non potersi ridire. Ciascuno, per la sua parte, ringraziava l’amore e la fortuna.

Intanto Fiorina stava in pensiero per l’uccello turchino.

Chi me lo assicura dai cacciatori, o dalle grinfie di qualche aquila o di qualche avvoltoio affamato, capace di mangiarselo con tanto gusto, come se non fosse un gran Re? Oh Dio! che sarebbe di me, meschina, se le sue penne fini e leggiere, portate dal vento, giungessero fino nel mio carcere per annunziarmi la sciagura, che io temo sempre?”

Questo tristo pensiero fece sì che la Principessa non poté chiudere un occhio; perché, Cuando realmente amas, le paure pigliano l’aspetto di verità, e quel che prima pareva impossibile diventa possibilissimo; e fu così, che ella passò tutta la giornata a piangere, finché non venne l’ora fissata per andare a mettersi alla finestra.

Il grazioso uccello, nascosto dentro lo spacco d’un albero, in tutto il giorno non aveva fatto altro che pensare alla sua bella Principessa.

Quanto sono contento”, diceva egli, “di averla ritrovata: e com’è premurosa per me! Le gentilezze che mi usa, le sento tutte qui nel cuore!”

L’appassionato amante contava fino al minuto secondo il tempo della sua penitenza, che gli impediva di sposarla; e si struggeva più che mai dal desiderio di veder finita la sua condanna.

E perché voleva usare a Fiorina tutte quelle galanterie, che aveva in poter suo di fare, volò fino alla capitale del suo regno, andò nel suo palazzo, entrò nel suo gabinetto dal buco d’un vetro rotto: prese un paio d’orecchini di diamanti, così belli e così perfetti, da non trovarli eguali, e li portò la sera a Fiorina, pregandola di volerseli mettere.

Me li metterei”, diss'ella, “se voi mi vedeste di giorno; ma siccome non vi parlo che di notte, così non me li metterò.

L’uccello le promise di fare in modo di venire alla Torre nell’ora che ella avesse voluto: allora s’infilò gli orecchini, e passarono tutta la notte in colloqui fra loro, come avevano fatto la sera avanti.

Il giorno dopo l’uccello tornò nel suo regno: andò al palazzo, entrò nel suo gabinetto per il solito vetro rotto, e portò via con sé i più splendidi braccialetti che si fossero mai visti: erano formati di uno smeraldo tutto di un pezzo, sfaccettato e bucato nel mezzo per potervi passare la mano e il braccio.

Credete forse”, gli disse la Principessa, “che il mio amore per voi abbia bisogno di essere coltivato a furia di regali? Ah! si vede proprio che mi conoscete male!”

“No, o signora”, replicò egli, “io non ho mai creduto che i ninnoli che vi offro sieno necessari per conservarmi il bene che mi volete; ma sarei mortificato, se trascurassi la più piccola occasione per mostrarvi l’attenzione che ho per voi: y luego, quando non mi avete dinanzi agli occhi, questi piccoli gioielli saranno buoni a richiamarmi alla vostra memoria.

Fiorina, su parte, gli disse un’infinità di cose gentili, alle quali egli ne rispose mille altre, più gentili che mai.

La notte seguente l’uccello turchino si fece un obbligo di portare alla sua bella un orologio, d’una giusta grandezza, che stava dentro a una perla; eppure la materia era vinta dall’eccellenza del lavoro.

È inutile”, diss’ella con grazia squisita, “di venirmi a regalare un orologio. Quando voi siete lontano da me, le ore mi paiono eterne: cuando estás conmigo, pasará como un sueño. ¿Cómo puedo hacer para darles un ajuste correcto?”

“¡ay, mi princesa”, Exclamó el pájaro azul, “Pienso exactamente igual que en este punto, porque a medida que el corazón de sensibilidad están seguros de que no se queden atrás a nadie. de hecho, ver lo que sufre a mí preservar su corazón, Son capaces de juzgar que ha llevado al límite extremo de amistad y estima, pueden ir.”

Cuando apareció el día, el pájaro voló en el hueco de su árbol, y se los alimentó con buenos resultados. A veces cantaba bellas arias: su canto que cae en amor transeúntes, quien lo escuchó, que no podían ver a nadie. Así se corrió la voz de que no había espíritus entorno.

Y esta creencia está tan extendida, che nessuno aveva più coraggio di entrare nel bosco. Si raccontavano mille avventure favolose, accadute in quel luogo: e lo spavento generale fu cagione della maggior sicurezza dell’uccello turchino.

Non passava giorno, senza che egli facesse un regalo a Fiorina: ora un vezzo di perle: ora anelli con brillanti, di finissimo lavoro: ora fermagli di diamanti, spilloni, mazzolini di pietre preziose, colorite a imitazione dei fiori, libri piacevoli e medaglie: para que sea corto, essa aveva messo insieme un ammasso di ricchezze maravigliose. Con queste si adornava soltanto la notte per far piacere al Re: il giorno, non sapendo dove riporle, le nascondeva dentro al saccone del letto.

In questo modo scorsero due anni, senza che Fiorina avesse da lagnarsi una sola volta della sua prigionia. E come poteva lagnarsene? Essa aveva la consolazione di parlare tutte le notti con la persona amata; né c’è ricordanza che fra due innamorati si sieno mai scambiate tante paroline graziose, come accadeva fra loro. Benché ella non vedesse anima viva e l’uccello passasse le giornate rinchiuso dentro lo spacco dell’albero, nondimeno avevano sempre mille cose nuove da raccontarsi; la materia era inesauribile, perché il loro cuore e il loro spirito fornivano abbondantemente il soggetto dei lunghi colloqui.

Intanto la maliziosa Regina, che la teneva così crudelmente imprigionata, si dava un gran da fare per vedere di maritare la figlia. Mandava ambasciatori a proporla a tutti i principi, dei quali sapeva il nome: ma appena gli ambasciatori arrivavano, si trovavano congedati senza tante cerimonie.

“¡Ay! se si trattasse della Principessa Fiorina”, dicevan loro, “sareste ricevuti a braccia aperte: ma in quanto a Trotona, può farsi monaca se vuole; ché nessuno si opporrà dicerto.

A sentire questi discorsi, la madre e la figlia andavano su tutte le furie e se la pigliavano contro la povera Principessa, vittima delle loro persecuzioni.

“Ven!”, dicevano esse, “sebbene chiusa in prigione, quest’insolente sarà dunque per noi un bastone fra i piedi? Come perdonarle i brutti tiri, che ci fa tutti i giorni? Bisogna dire che ell’abbia delle corrispondenze segrete nei paesi stranieri: in questo caso, per lo meno, è rea di Stato: trattiamola dunque come tale, e si faccia di tutto per convincerla del suo delitto.

Il loro conciliabolo finì così tardi, che era già mezzanotte suonata, quando si decisero a salire nella torre per interrogarla. Essa per l’appunto stava alla finestra, coll’uccello turchino, ornata delle sue gemme, e coi suoi belissimi capelli pettinati con tutta quella attenzione, che non è punto naturale nella persona afflitta da un gran dolore. La sua camera e il suo letto erano seminati di fiori, e qualche pasticca di Spagna, che essa aveva bruciato pochi momenti prima, spandeva per la stanza un buonissimo odore.

La Regina messe l’orecchio alla porta, e le parve sentir cantare un’aria a due voci: perché anche Fiorina aveva una voce angelica. Le parole di quest’aria le parvero molto tenere, e dicevano press’a poco così:

Come è trista la nostra sorte: e quanti affanni ci costa il nostro amore!… Ma invano si provano a vincere tanta fermezza: a dispetto dei nostri nemici, i nostri cuori rimarranno uniti per sempre.

Questo piccolo concerto fu chiuso da alcuni sospiri.

“Ah! Trotona mia, siamo tradite!” esclamò la Regina spalancando screanzatamente l’uscio ed entrando nella camera.

Come restò Fiorina a quella vista! Chiuse subito la finestra, per dar tempo al real uccello di volar via. Le stava più a cuore la salvezza di lui, che la propria: ma egli non ebbe la forza di allontanarsi: col suo sguardo penetrantissimo, aveva capito il pericolo al quale si trovava esposta la Principessa. Egli aveva vista la Regina e Trotona: che dolore per lui di non essere in grado di difendere la sua bella!

Le due megere si avventarono su di essa, come se la volessero mangiare.

Si sanno le vostre trame contro lo Stato!”, esclamò la Regina. “Non sperate che il vostro grado basti a salvarvi dal meritato castigo.

E con chi posso aver tramato, o signora?” replicò la Principessa. “Da due anni in qua, non siete forse voi la mia carceriera? Ho mai vedute altre persone, fuor di quelle mandatemi da voi?”

Mentre parlava così la Regina e sua figlia la guardavano con tanto d’occhi. Erano rimaste abbagliate dalla sua bellezza meravigliosa e dalla sua acconciatura veramente straordinaria.

E chi vi ha dato, o signora”, dijo la Reina, “tutte codeste pietre preziose, che brillano come il sole? Volete forse darci ad intendere che in questa torre ci sono delle miniere? ”

Ce l’ho trovate”, disse Fiorina, “è tutto quello che io ne so.

La Regina la guardò fissa negli occhi, per iscuoprire ciò che passava nel fondo del suo cuore.

Noi non ci lasceremo infinocchiare da voi”, dijo la Reina. “Voi credete di darcela a bere: ma noi sappiamo benissimo, princesa, tutto quello che fate dalla mattina alla sera: e queste gioie vi furono regalate, per mettervi su, e per impegnarvi a vendere il regno di vostro padre.

“realmente, che sono in uno stato da poter vendere i regni!…”, essa rispose, con un sorriso di sdegno. “Una povera Principessa che languisce nei ferri da tanto tempo, è proprio la persona che ci vuole, per macchinare i complotti di Stato.

E come va dunque”, replicò la Regina, “che siete così tutta agghindata, come una civettuola, e che la vostra camera è piena di profumi, e che la vostra persona è così magnifica e risplendente, che a Corte non potreste fare una figura migliore?”

Ho molto tempo da perdere”, diseña la Principessa, “así que no hay nada extraño si me paso un poco para hacerme hermosa: Paso tanto a llorar por mi desgracia, que no hay ninguna razón para que me reproche.”

“mente, vía”, dijo la Reina, “vamos a ver si esto s innocentina, No por casualidad tiene alguna correspondencia con los enemigos del Estado.”

Y a partir de sí mismo, empezó a hurgar en todas partes: y llegó a la bolsa, que ella había vaciado, Él nos encontró en una cantidad tan enorme diamante, perlas, rubíes, smeraldi e Topazi, que no podía encontrar su camino a donde habían llegado. Y por qué había fijado dentro de sí mismos para poner en algunas de la sala de ocultar algunas tarjetas, que podrían poner en peligro la princesa, así que cuando nadie se preocupaba, Se ocultó en el fuego abierto; pero para la buena suerte del pájaro azul, dal posto dove s’era posato, ci vedeva meglio di una lince e udiva ogni cosa; per cui gridò:

Guàrdati, Fiorina: ecco la tua nemica che ti prepara un tradimento”.

Questa voce così inattesa spaventò la Regina a tal punto, che non osò fare quanto aveva meditato.

Vedete bene, dama”, diseña la Principessa, “che gli spiriti che volano per l’aria, sono tutti per me.

Io credo piuttosto”, disse la Regina fuori di sé dalla collerache ci sieno dei diavoli, che vi vogliono bene: pero, a loro marcio dispetto, vostro padre saprà farsi giustizia.

“Dios quería”, esclamò Fiorina, “che io non avessi da temere altro che il furore di mio padre: ma quello che mi spaventa, è il vostro, o signora.

La Regina se ne andò via tutta sottosopra per le cose che aveva vedute e sentite, e tenne consiglio sul da farsi contro la Principessa. Alcuni consiglieri le fecero notare, que, nel caso che qualche fata o qualche mago avessero preso la Principessa sotto la loro protezione, il vero segreto per irritarli sarebbe stato quello di tormentare più che mai la Principessa; y que, después de todo, bisognava scuoprire a ogni costo la ragione del suo armeggìo. La Regina dette il benestare a questo consiglio: e mandò a dormire nella camera della Principessa una giovinetta, che pareva l’innocenza in persona, col dire che c’era mandata apposta per servirla.

Ma come restar presi a un chiapperello così grossolano?

La Principessa, fin dal primo giorno, la ritenne per una spia e n’ebbe un grandissimo dispiacere.

“Ven!”, dijo, “io dunque non potrò più parlare a questo uccello turchino, che è tutto l’amor mio? Era esso, che mi aiutava a sopportare le mie sciagure: e io lo consolava nelle sue. Il nostro amore ci compensava di tutto. Che avverrà di lui? che cosa sarà di me?” E pensando a tutto questo, piangeva come una vite tagliata.

Non aveva coraggio di affacciarsi alla finestra, sebbene lo sentisse svolazzare lì dintorno; perché si struggeva dalla voglia di aprirgli, ma temeva di mettere in pericolo la vita del suo caro amante. Passò un mese intero, senza che essa si facesse vedere: e intanto l’uccello turchino si dava alla disperazione, e piangeva e si lamentava da far pietà!

Por otra parte, come poteva fare a vivere, de, senza la sua Principessa? Non aveva mai provato, come allora, i tormenti della lontananza e quelli della sua metamorfosi. Invano cercava qualche pretesto per consolarsi: dopo essersi lambiccato il cervello, No pudo encontrar nada de lo que era para darle un poco de comodidad.

La princesa del espía, que durante un mes no cerró los ojos en el día o la noche, Se sentía al final, así tomada por el sueño que se quedó dormido. Cuando se dio cuenta de Fiorina, Él abrió la pequeña ventana, y dijo:

 

blue Bird, color del cielo,
Volar y vuelve ahora a mí.

Estas son sus palabras exactas, y hay un cambio o una coma.

Tan pronto como el ave a su oído, Voló inmediatamente en la ventana. Qué alegría cuando se reunieron! y cómo muchas cosas tenían que decir! Mil y mil veces repitieron su ternura y su juramento de lealtad! La princesa no pudo contener las lágrimas; amante de suavizado, e hizo lo posible para consolarla.

Viniendo llegado el momento de dejar, senza che la carceriera sorvegliante si fosse ancora svegliata, si dettero l’addio più tenero e più commovente che possa immaginarsi.

La spia si addormentò anche il giorno dopo, y la princesa, puntuale, andò alla finestra e disse, come la volta avanti:

 

blue Bird, color del cielo,
Volar y vuelve ahora a mí.

E subito l’uccello venne, e quella notte passò come l’altra avanti, senza rumori e senza improvvisate, con grandissima soddisfazione dei nostri amanti; i quali si figurarono che la sorvegliante avrebbe preso tanto gusto a dormire, da poter ripetere la medesima storia tutte le sere. de hecho, anche la terza sera passò felicemente: ma alla quarta, la dormigliona avendo sentito un po’ di rumore, senza dar segno di nulla si pose in orecchio; e guardando bene, vide al chiaro di luna il più bell’uccello dell’universo, que estaba hablando con la princesa, y él acarició pegamentos patas y dio beccatine Amorosa: y entre otros, Oyó muchas de esas pequeñas cosas que se dijeron unos a otros, y era muy sorprendidos, porque el pájaro habló como si se tratara de un amante, Fiorina y le contestó con gran ternura.

Al amanecer se despidieron: y casi corazón las presagisse alguna desgracia cercana, No pudieron encontrar la dirección de dejar. La princesa se arrojó sobre la cama llorando todo, y el rey volvió a entrar en el hueco del eje. El trabajador corrió la Reina, y él le dijo lo que había visto y oído. La reina envió a su hombre de confianza y trotona, y después de una larga charla llegaron a la conclusión de que el pájaro azul iba a ser el rey de Niza.

Che vergogna”, esclamò la Regina, “che vergogna, mi hija! questa Principessa insolente, che io credeva rifinita dai dispiaceri, se ne sta godendo tranquillamente gli amorosi colloqui del vostro ingrato! Ah! voglio vendicarmi, e la vendetta dev’essere di quelle da ricordarsene per un pezzo.

Trotona la pregò di non perdere neppure un minuto, e siccome in questa faccenda le pareva di essere più interessata della stessa Regina, così sentiva andarsi in deliquio dalla contentezza, soltanto a pensare al martirio che avrebbero dovuto patire i due disgraziati amanti.

La Regina rimandò alla torre la spia, con ordine di non dar segni né di sospetto né di curiosità; e anzi, di mostrarsi più addormentata del solito. Infatti andò a letto di prima sera, e russava e russava, tanto che la Principessa, ingannata a quel modo, aprì la finestra e disse:

 

blue Bird, color del cielo,
Volar y vuelve ahora a mí.

Ma invano essa lo chiamò, per quanto fu lunga la notte: ei non comparve mai, perché la trista Regina aveva fatto attaccare ai cipressi delle spade, dei coltelli, dei rasoi, dei pugnali: motivo per cui, quando egli venne a buttarsi a volo su quelle piante, si tagliò i piedi e le ali: e tutto ferito, com'era, arrivò a stento all’albero suo, lasciando dietro a sé una lunga striscia di sangue!

¡Ay! perché, bella Principessa, non eravate presente per soccorrere l’uccello reale? Ma ella sarebbe morta se l’avesse veduto in quello stato da far compassione!

Fisso nell’idea che questo brutto scherzo gli venisse fatto per colpa di Fiorina, non volle prendere nessuna cura per la sua vita.

Ah spietata!”, diceva egli dolorosamente, “è così che ricompensi la passione più pura e più tenera, che siasi mai data al mondo? Se volevi la mia morte, perché non domandarmela colla tua bocca? La morte, data da te, mi sarebbe stata cara! Con quanto amore e con quante confidenze io veniva a trovarti! Io soffriva per te, e soffriva senza lamentarmi. Ven! e avesti cuore di sacrificarmi alla più crudele di tutte le donne? Essa era la nostra comune nemica, e tu hai fatto la pace con essa a spese mie? Sei tu, Fiorina, sei tu che mi ferisci di pugnale! Tu hai preso in prestito la mano di Trotona e l’hai portata fino al mio cuore!”

Questi funesti pensieri lo angustiarono tanto, che risolvé di morire.

Ma il Mago, suo amico, avendo veduto tornare a casa i ranocchi volanti, col carro, senza avere nessuna notizia del Re, si mise in così gran pensiero che potesse essergli accaduta qualche disgrazia, che fece otto volte il giro della terra per trovarlo; e non lo trovò. Stava per cominciare il nono giro, allorché traversando il bosco, dov’era l’uccello turchino, suonò a distesa il corno, secondo le regole prescritte: e dopo gridò per cinque volte con quanta ne aveva in gola:

Re Grazioso! Re Grazioso, dove siete voi?”.

Il Re riconobbe la voce del suo migliore amico:

Accostatevi a quest’albero”, dijo “e vedrete lo sventurato Re, al quale volete tanto bene, immerso nel proprio sangue!”.

Il Mago, sbalordito, guardò da tutte le parti, senza che potesse veder nulla.

Io sono l’uccello turchino”, disse il Re con voce sfinita e languente.

A queste parole il Mago lo trovò senza fatica nel suo piccolo nido. Chiunque altro fuori di lui si sarebbe maravigliato molto di più: ma egli conosceva tutti gli artifici della magia. Bastarono poche parole che disse, per far cessare il sangue che grondava ancora: e con alcune erbe trovate nel bosco, e sulle quali mormorò alcune formule magiche, guarì il Re così perbene, che pareva non fosse stato nemmeno graffiato. Quindi lo pregò a volergli raccontare per quale avventura era diventato uccello, e chi l’aveva ferito così crudelmente!

Il Re contentò la sua curiosità, e gli disse che era Fiorina quella che aveva rivelato il mistero amoroso delle visite segrete che ei le faceva, e che per amicarsi la Regina, ella aveva acconsentito a lasciar mettere fra i rami del cipresso i pugnali e i rasoi, che l’avevano tagliato e fatto quasi a pezzetti: si sfogò molte volte sull’infedeltà della Principessa e giurò che avrebbe avuto più caro a morire, piuttosto che conoscere un cuore tanto cattivo. Il Mago, si scatenò contro Fiorina e contro tutte le donne, e consigliò il Re a dimenticarla affatto.

Che disgrazia sarebbe la vostra”, diss'egli, “se vi ostinaste a voler bene a quell’ingrata! Dopo quello che vi ha fatto, c’è da aspettarsene di tutti i colori.

El pájaro azul, su questo punto, non andava d’accordo perché egli era ancora troppo innamorato di Fiorina: e il Mago, che gli leggeva nel cuore, sebbene facesse di tutto per dissimulare i propri sentimenti, gli cantò una canzonetta graziosa che diceva su per giù così:

Quando si ha nell’anima una grande spina, sono inutili i discorsi e i ragionamenti; si dà retta soltanto al nostro dolore e non ai consigli degli altri. Bisogna lasciar fare al tempo, perché per ogni cosa c’è un momento opportuno, e fino a tanto che questo momento non è arrivato, è inutile tormentarsi lo spirito con ingegnosi ripieghi”.

L’uccello turchino se ne persuase, e pregò l’amico di portarlo a casa sua e di metterlo in una gabbia, dove fosse al sicuro dalle unghie del gatto e da ogni arme pericolosa. Ma saltò su a dire il Mago:

Vi rassegnate dunque a restare ancora per cinque anni in uno stato così compassionevole e si poco confacente ai vostri interessi e alla vostra dignità? Perché dovete sapere che avete dei nemici i quali giurano e spergiurano che siete morto e vogliono invadere il vostro regno; e ho una gran paura che questo regno lo dobbiate perdere avanti di aver ripreso le vostre vere sembianze”.

Non potrò andare nel mio palazzo”, respondió, “e governare secondo il solito, come facevo prima?”

“¡Ay!”, esclamò l’amico, “è difficile. C’è chi è contento di obbedire a un uomo, ma non intende obbedire a un pappagallo, c’è chi oggi vi teme, perché siete un Re circondato di grandezze e di fasto, e che domani vi strapperebbe le penne, se vi vedesse trasformato in un uccello.

“Ah, umana debolezza! oh, prestigio di un brillante esteriore!…”, exclamó el Rey, “sebbene tu non significhi nulla per il merito e le virtù, non cessi per questo di avere una potenza affascinatrice, dalla quale è difficilissimo difendersi. Bueno”, egli continuò, “mostriamoci filosofi, e disprezziamo quello che non si può avere: la nostra risoluzione non sarà delle peggiori.

Io non mi do per vinto così alla prima”, disse il Mago, “e spero ancora di trovare qualche buon espediente, che faccia al caso nostro.

Intanto Fiorina, la povera Fiorina, desolata di non rivedere il Re, passava le giornate e le nottate alla finestra, ripetendo senza tregua:

 

blue Bird, color del cielo,
Volar y vuelve ahora a mí.

La presenza della sorvegliante non le dava più soggezione; la sua disperazione era arrivata a tal punto, che non aveva riguardi per nessuno.

Che n’è stato di voi, Re Grazioso?”, esclamava, “forse i nostri comuni nemici vi hanno fatto provare i tristi effetti della loro rabbia? Puede ser que haya sido sacrificado a su furia? Povera me! me desgraciada! no son más vivos? Así que yo no te vea más? O cansado de mis muchos infortunios, os han abandonado el duro destino que me persigue?”

Y cuántas lágrimas y sollozos mantienen los que están detrás de estos gemidos lastimeros! Y a medida que las horas parecían eterna, para la distancia fangdangnvlang! La princesa demolido, enfermo, chuparse, y que no reconoce la mayor parte de la primera, Él tenía suficiente aliento para levantarse. Estaba convencida de que el rey había sucedido cada cosa importante que puede dar en la tierra.

La reina y trotona regodearon, y el placer de ser vengado fue más fuerte en su dolor que se siente por la ofensa recibida. Y al final, Lo que era entonces este delito? Il Re Grazioso non aveva voluto sposare una brutta befana, che doveva essergli antipatica e odiosa per mille ragioni.

In questo frattempo il padre di Fiorina, che era in là cogli anni, si ammalò e morì. La fortuna della Regina e della sua figlia allora cambiò d’aspetto; tutti le riguardavano come due imbroglione che avessero abusato del loro ascendente, e il popolo ammutinato corse al palazzo a domandare la Principessa Fiorina, proclamandola per sua sovrana. La Regina irritata voleva trattare la cosa con grande alterigia; si affacciò al balcone e minacciò i rivoltosi. En ese punto, la sommossa diventa generale: si sfondano le porte del suo quartiere, si saccheggia tutto, e la lasciano morta a sassate. Trotona si rifugiò presso la Sussio, perché correva lo stesso pericolo della madre.

I grandi del regno si radunarono subito, e salirono sulla torre dove era la Principessa molto malata. Ella non sapeva nulla né della morte di suo padre, né della brutta fine toccata alla sua nemica. Quando sentì tutto quel rumore credé in buona fede che venissero a prenderla per condurla alla morte. E non ebbe nessuna paura, perché al giorno che aveva perduto l’uccello turchino, la vita per lei era diventata odiosa. Ma i suoi sudditi, gettandosi ai suoi piedi, le dettero a conoscere il cambiamento che era accaduto nella sua fortuna. Ella non se ne fece né in qua né in là. La portarono nel suo palazzo, e lì la incoronarono. Le grandi attenzioni che le furono usate e la passione che aveva di rivedere l’uccello turchino contribuirono molto a farla rimettere in salute e a darle abbastanza forza per nominare un consiglio che avesse cura del regno durante la sua assenza: quindi prese con sé mille milioni di pietre preziose, e una notte se ne partì, tutta sola, senza che alcuno sapesse per dove s’era incamminata.

Il Mago, che aveva preso a cuore gli affari del Re Grazioso, non avendo tanto potere da distruggere l’incantesimo che la Sussio aveva fatto, pensò bene di andarla a trovare e proporle qualche accomodamento, per vedere se ella avesse voluto rendere al Re la sua sembianza naturale; e senza mettere tempo in mezzo attaccò i suoi ranocchi e volò dalla fata, la quale in quel momento stava discorrendo con Trotona.

Da un mago a una fata non c’è un grande stacco. Essi si conoscevano già da circa seicent’anni, e in questo lasso di tempo erano stati fra loro mille volte amici e mille volte si erano guastati.

Che desidera il mio compare?”, ella dijo. (È questo il nome che si danno tutti, fra di loro.) “Posso esservi utile in qualche cosa che dipenda da me?”

“Sí, comare mia”, disse il Mago. “Voi potete far tutto per rendermi contento. Si tratta del mio migliore amico: di un Re, che voi avete reso infelice.

“Ah! intendo, compare”, disse Sussio, “me ne dispiace proprio nell’anima, ma non c’è da sperar grazia per lui, fin tanto che si ostina a non volere sposare la mia figlioccia: eccola qui bella e fresca, como se ve. Ora tocca a lui a decidersi.

Al Mago gli restò la parola in bocca, tanto la ragazza gli parve brutta: nondimeno non trovava il verso di venirsene via senza aver combinato qualcosa, segnatamente perché il Re, dal giorno che era in gabbia, aveva corso mille pericoli.

Il chiodo, dove la gabbia stava attaccata, s’era rotto: la gabbia era cascata per terra, e sua maestà, colle penne, nella caduta s’era fatto molto male. El gato, che si trovava presente a questo caso, gli dette una graffiata nell’occhio, e ci corse poco non l’accecasse. Un’altra volta s’erano scordati di dargli da bere, ed era già a tocco e non tocco di beccarsi una bella pipita, se per fortuna non giungevano in tempo a salvarlo con alcune gocce d’acqua. Un frugolo di scimmiotto, scappato non si sa di dove, gli pettinò ben bene le penne attraverso i ferri della gabbia, strapazzandolo senza nessun complimento, come se fosse stata una gazza o un merlo.

Ma la cosa più triste di tutte era questa: che egli stava a un pelo per perdere il trono, perché i suoi eredi ne inventavano ogni giorno una delle nuove, pur di provare come e qualmente egli fosse morto e morto davvero.

Alla fine il Mago combinò con la comare Sussio, che ella condurrebbe Trotona nel palazzo del Re Grazioso, che lì vi resterebbe alcuni mesi, durante i quali il Re doveva prendere una risoluzione circa allo sposarla: e intanto la fata renderebbe al Re la sua figura naturale, salvo sempre a farlo tornare uccello, nel caso che si fosse ostinato a non voler sposare la sua figlioccia.

La fata diede a Trotona dei vestiti d’oro e d’argento; quindi la fece montare in groppa, dietro a sé, sopra un drago, e si recarono al regno di Re Grazioso, il quale vi giungeva, anche lui, in quello stesso punto insieme al Mago suo amico. Con tre colpi di bacchetta, egli ritornò quello stesso che era stato prima, bello, amabile, spiritoso, magnifico: ma gli costava salata questa diminuzione di penitenza, perché il solo pensiero di sposare Trotona gli metteva i brividi addosso. Il Mago aveva un bel persuadere colle migliori ragioni di questo mondo: ma tutti i suoi discorsi lasciavano il tempo com’era! Il Re si dava meno pensiero delle cure di Stato, che di trovare ogni ammennicolo per mandare in lungo il termine fissato dalla Sussio per le nozze con Trotona.

Intanto la Regina Fiorina, coi capelli tutti sciolti e arruffati apposta per nascondersi il viso, con un cappello di paglia in capo e con un sacco di tela sulle spalle cominciò il suo viaggio un po’ a piedi e un po’ a cavallo, ora per mare, ora per terra. Faceva dappertutto le più minute ricerche: ma non sapendo con certezza che strada prendere, temeva sempre di andare da una parte, mentre il suo Re pigliava da quell’altra.

Un día, essendosi fermata sull’orlo d’una fontana le cui acque cristalline rimbalzavano sopra un letto di sassolini minutissimi, le venne voglia di lavarsi i piedi. Si sedé sull’erba, e raccolti e fermati i capelli con un nastro, tuffò i piedi dentro l’acqua. A vederla, c’era da scambiarla con Diana che si bagna di ritorno dalla caccia. In quel mentre passò di lì una vecchierella, tutta ripiegata, la quale si appoggiava a un grosso bastone: si fermò, y él le dijo:

Che fate costì, mia bella figliuola? Mi fa male a vedervi sola così!”.

Non son sola, Mi buena abuela”, respondió la Reina, “sono invece in numerosa compagnia, perché ho qui con me un mondo di disinganni, d’inquietudini e di dispiaceri.

Y así diciendo, i suoi occhi si empirono di pianto.

“Ven? così giovine, e piangete!”, disse la buona vecchina. “mente, mi hija, non vi date alla disperazione. Raccontatemi sinceramente quello che avete, e spero di consolarvi.

La Regina non se lo fece dire due volte: le raccontò le sue disgrazie, la parte che in tutta questa faccenda vi aveva avuto la Sussio, e finalmente le disse che andava in cerca dell’uccello turchino.

La vecchierella si rizza sulla persona, piglia un altro contegno, cambia improvvisamente di figura e apparisce giovine, bella, magnificamente vestita: poi guardando la Regina con un grazioso sorriso:

Incomparabile Fiorina”, le dice, “il Re che voi cercate non è più uccello: mia sorella Sussio gli ha rese le sue prime sembianze: e ora trovasi nel suo regno. Non state a tormentarvi più: perché voi arriverete a veder coronate le vostre speranze. Eccovi quattro uova: nei grandi bisogni della vita le romperete, e ci troverete dentro delle cose che vi saranno di un grande aiuto”.

porque dicha, desaparecido. Fiorina si sentì rinascere a queste parole; ripose le uova nel sacco, e s’incamminò verso il regno di Grazioso.

Dopo aver camminato otto giorni e otto notti, giunse a piè di una montagna d’un’altezza prodigiosa, tutta quanta d’avorio e così tagliata a picco, che non c’era verso di arrampicarcisi sopra, senza cadere.

Hizo un millar de esfuerzos inútiles: sdrucciolava, trabajó; hasta, desesperado por ver entre sí frente a un obstáculo insuperable, Se retiró a dormir a los pies de la montaña, Pegar firme resolución de extinguirse; cuando se acordó de la guerra electrónica tenía el hada.

Tomó uno y le dijo:: “Let ', Si prometedora alivio de 'que había que necesite, Él me había burlado”.

Acaba de romper el huevo, Salieron unos pequeños ganchos de oro, se agarró a los pies y las manos. Y con la ayuda de estos que pudiera levantarse sin esfuerzo en la montaña de marfil; porque se tomaron los ganchos, y le impidió a continuación sdrucciolare.

Cuando estaba en la cumbre, aquí nuevas dificultades para comenzar a caer al suelo: perché tutta la vallata non era altro che un grandissimo specchio di cristallo.

Vi erano lì dintorno più di sessantamila donne, che si miravano in esso con grandissimo diletto, perché bisogna sapere che lo specchio aveva dieci chilometri di larghezza e venti di lunghezza.

Ciascuna vi si vedeva riflessa secondo il suo desiderio: quella di capelli rossi appariva bionda: la vecchia si vedeva giovine: la giovine pareva anche più giovine; en una palabra, questo specchio nascondeva così bene i difetti, che le donne correvano a specchiarvisi dalle cinque parti del mondo. Bisogna aver visto le smorfie e i bocchini tondi, che facevano la maggior parte di quelle civettuole; c’era da scoppiar dalle risa. E non per questo gli uomini ci si affollavano in minor numero: perché lo specchio faceva un gran comodo anche a loro. A chi regalava bellissimi capelli: a chi un personale alto ed elegante, o una cert’aria marziale, o una fisionomia simpatica e bella. Essi ridevano delle donne e le donne non se ne stavano dal ridere alle loro spalle: per cui la montagna veniva chiamata con molti nomi differenti. Nessuno era stato mai capace di toccarne la cima: e quando vi scorsero Fiorina, le donne si messero tutte a strillare come tante calandre:

Dove va mai quella sfacciata?”, dicevano esse. “Quella lì dev’essere tanto imprudente, da mettere i piedi anche sul nostro specchio. Vedrete che dopo pochi passi, ce lo manderà in bricioli.

E così facevano un diavoleto da cavar di cervello.

La Regina non sapeva come fare, perché vedeva un gran pericolo nel dovere scendere da quella altezza: allora ruppe un altr’ovo, dal quale uscirono fuori due piccioni e un cocchio, che tutt’a un tratto diventò tanto grande, da poterci entrar dentro comodamente: e in questo modo i piccioni con molta leggerezza calarono giù al basso la Regina, senza che accadesse nulla di male.

Ella disse ai suoi bravi piccioni:

Miei piccoli amici, se voi sarete tanto cortesi di portarmi fino sul posto dove il Re Grazioso tiene la sua corte, non troverete in me un’ingrata”.

I piccioni, cortesi e obbedienti, volarono giorno e notte finché non furono arrivati alle porte della città. Così Fiorina smontò, e diede a ciascuno di essi un dolcissimo bacio, che costava più di una corona reale.

¡Ay, come le batteva il cuore, mettendo il piede in città!

Per non essere riconosciuta, si insudiciò il viso; e chiese a quelli che passavano per la strada, dove avrebbe potuto vedere il Re. Alcuni si messero a ridere. “Vedere il Re?”, le dicevano, “davvero eh! e che vuoi tu da lui, mio bel Muso-sudicio? Vai, vai piuttosto a lavarti: perché i tuoi occhi non sono degni di vedere un gran monarca a quel modo.La Regina non rispose: si allontanò pian piano: e tornò daccapo a domandare a quelli che incontrava, dove avrebbe potuto mettersi per vedere il Re.

Domani deve venire al tempio con la Principessa Trotona”, le risposero, “perché finalmente ha consentito di sposarla.

Cielo, quale notizia! trotona, l’indegna Trotona sul punto di sposare il Re!”, Fiorina credette di morire e non aveva più fiato né per parlare né per andare avanti. Se fue debajo de una puerta, y también se sentó en una piedra, con su cara cubierta por su pelo y su sombrero de paja, Comenzó a decir:

“Lástima que yo sea! Vengo aquí para hacer más bello el triunfo de mi rival y para ver con mis propios ojos lo feliz que se! Así que fue a causa de su, el pájaro azul ya no se me vea? Era, por tanto, para que la bruja fea, que me dio el más negro de toda la infidelidad, mientras, terminado con el dolor, Llevaba una pasión por la preservación de su vida? El traidor había cambiado… recordarme, como si nunca se vio m'avesse, Dejó que struggessi por su lejanía, Tal vez no tiene sentido pensar en mi!…”.

Cuando usted tiene una pesada dolores cardíacos, è raro che si senta il bisogno di mangiare. La Regina cercò un po’ di albergo: e si coricò, senza prendere un boccone. Si alzò col sole e corse al tempio; ma prima di poterci entrare dové subire molte manieracce dalle guardie e dai soldati. Vide il trono del Re e quello di Trotona, che era già considerata come Regina. Che dolore per un’anima sensibile e appassionata, come quella di Fiorina! Si avvicinò al trono della sua rivale, e lì stette in piedi, appoggiata a una colonna di marmo. Il Re arrivò il primo, più bello e più amabile di quello che fosse stato mai in tutta la vita. Trotona venne dopo, vestita con gran magnificenza, ma brutta da far paura. Ella guardò la Regina con un certo cipiglioE chi sei tu”, le estas, “che ardisci di avvicinarti alla mia augusta persona e al mio trono d’oro?”

Io mi chiamo Viso-sudicio”, diss'ella, “son venuta di lontano per vendervi delle cose rare.

E cominciò a frugare nel suo sacco di tela, e tirò fuori i braccialetti di smeraldo che il Re Grazioso le aveva regalati.

“¡Ay! oh!”, esclamò Trotona, “carini codesti pezzi di bicchiere; me li vendi per cinque soldi?”

Fateli prima vedere a chi se ne intende, o signora, e poi sul prezzo ci accomoderemo.

trotona, che amava il Re con maggior tenerezza di quel che poteva attendersi da quella foca, e non le pareva vero di trovare delle occasioni per parlargli, si avanzò fino al trono di lui e gli mostrò i braccialetti, pregandolo a dire il suo sentimento. Alla vista di quei braccialetti, egli si ricordò di quelli che aveva dato a Fiorina: diventò bianco, sospirò, e stette per un po’ di tempo senza rispondere: alla fine, temendo di far vedere il turbamento dell’animo, fece su di sé un grande sforzo e rispose:

Questi braccialetti, Creo, valgono quanto tutto il mio regno: credevo che nel nondo ve ne fosse un paio solo; ma ora vedo che ce ne sono degli altri”.

Trotona tornò sul suo trono, dove ci faceva la figura di un’ostrica attaccata al suo guscio; e chiese alla Regina quanto, senza rubare, avrebbe preteso de’ suoi braccialetti.

Se doveste pagarmeli, o signora, vi sarebbe d’un grande scomodo: vi propongo piuttosto un altro patto. Ottenetemi il favore di dormire una notte nella sala degli Echi, che è nel palazzo del Re, e io vi cedo gli smeraldi.

Magari, Viso-sudicio!”, Said trotona, buttandosi via dalle risate come una sguaiata, y mostrando unos dientes más largos que los de un jabalí.

El rey no dio pensó que saber de dónde venían esos brazaletes, un poco 'porque él era indiferente al vendedor (que en realidad no despertó ninguna curiosidad), pero en particular para la repugnancia invencible hablado con trotona. Ahora lo que necesita saber, que en ese momento estaba siempre pájaro azul, tal tiempo había llegado a decir que a la princesa como su propia bajo su barrio real había una pequeña habitación llamada el Salón de los Ecos; construido de una manera ingeniosa de modo, que todo lo que se dijo en voz baja, Se le oyó muy bien por el rey cuando estaba en la cama en su habitación; per cui Fiorina non poteva immaginare un miglior mezzo di questo, per potergli rimproverare la sua infedeltà.

Per ordine di Trotona la condussero nella sala degli Echi, dov’ella dette principio ai suoi lamenti e ai suoi rimproveri così:

La sciagura, alla quale non voleva credere, pur troppo è certa, barbaro uccello turchino! tu ti sei scordato di me: tu ami la mia indegna rivale. I braccialetti, che ebbi dalla tua mano reale, non furono capaci di richiamarmi alla tua memoria: tanto io sono lontana dal tuo pensiero!”.

E qui i singhiozzi le tolsero la parola: quand’essa riebbe fiato da parlare, ricominciò daccapo e continuò fino alla mattina. I camerieri, avendola sentita piangere e sospirare tutta la notte, andarono a raccontarlo a Trotona: la quale le domandò la ragione di tutto il lamentìo che aveva fatto. La Regina rispose che aveva dormito profondamente e che dormendo le accadeva per il solito di sognare e di parlare a voce alta.

Quanto al Re, per una strana fatalità non aveva sentito nulla: e questo derivava, perché dal giorno che incominciò la sua passione per Fiorina, aveva perduti i sonni; e quando la sera andava a letto, gli davano dell’oppio per farlo riposare.

La Regina passò una gran parte del giorno così inquieta, no pueden decir lo. “Se mi ha sentito”, diceva fra sé, “come si può dare al mondo un’indifferenza più atroce della sua? Se poi non mi ha sentito, in qual altro modo potrò far giungere la mia voce fino a lui?” Gioielli e cose d’arte veramente rare e straordinarie non ne aveva più: perché le pietre preziose sono sempre belle, ma ci bisognava qualcosa che sapesse stuzzicare il gusto di Trotona. Allora ricorse ai suoi uovi e ne ruppe uno. Ecco che scappò subito fuori una carrozzina d’acciaio lustro, tutta ornata di fregi d’oro in rilievo; alla carrozzina erano attaccati sei sorci verdi, guidati da un grosso topo color di rosa, mentre il battistrada, anch’esso della famiglia topesca, era d’una bella tinta grigio-perla. Dentro alla carrozza c’erano quattro marionette più vispe e più graziose di quelle che si vedono sui teatrini alle grandi fiere di Padova e di Sinigaglia, e facevano delle cose molto sorprendenti, in specie due piccole egiziane, le quali ballavano la sarabanda e il minuetto meglio di tutte le ballerine della Pergola e della Scala.

La Regina rimase a bocca aperta a vedere questo capolavoro dell’arte negromantica: ma non fece motto fino alla sera, che era l’ora che Trotona andava alla passeggiata. Allora si mise in un viale a far galoppare i suoi sorci che tiravano la carrozza, gli altri topi e le marionette. Questa novità fece tanta meraviglia a Trotona, che cominciò a gridare:

Viso-sudicio! ehi, Viso-sudicio! li vuoi cinque soldi per la tua carrozza e per il tuo equipaggio topinesco?”.

Domandate ai letterati e ai sapienti di questo regno”, disse Fiorinache cosa può valere una meraviglia simile, e io me ne starò al parere del più capace fra loro.

trotona, prepotente in ogni cosa, respuesta:

Non mi star più a stomacare colla tua sudicia presenza; dimmi il prezzo, e finiscila”.

Dormire ancora un’altra volta nella sala degli Echi”, disse Fiorina, “ecco tutto quello che vi domando.

Va’, povera bestia”, replicò Trotona, “non ti sarà negato.E voltandosi alle sue dame, dicho: “Questa stupida creatura non sa ricavare nessun guadagno dalla vendita di tante belle rarità!”.

Venne la notte.

Fiorina disse tutto quello che si può immaginare di più tenero e di appassionato, ma fu lo stesso che dirlo al muro, come la notte avanti, perché il Re non lasciava mai di prendere la sua solita bevanda coll’oppio. I camerieri dicevano fra loro:

Questa campagnola, non c’è caso, dev’esser grulla: che cos’è tutto questo cicalìo che fa la notte?”.

“Por otra parte”, osservavano alcuni, “nelle cose che dice, c’è del buon senso e della passione.

Fiorina aspettò colla febbre addosso che venisse il giorno, per vedere l’effetto prodotto da’ suoi discorsi.

“mientras demasiado”, dijo, “questo spietato è diventato sordo alla mia voce! Non riconosce più la voce della sua cara Fiorina? Ah! che vergogna, ostinarsi ancora a volergli bene! Egli mi disprezza, e me lo merito. Sí, mi sta bene.

Però tutti questi ragionamenti tornavano inutili. Ella non poteva guarire della sua passione.

Nel sacco non le rimaneva che un solo uovo, dal quale potesse sperare qualche soccorso. Lo ruppe e ne uscì fuori un pasticcio di sei uccelli lardellati, cotti e benissimo rosolati; y todavía, con todo esto, cantavano da innamorare, predicavano la buona ventura e sapevano di medicina meglio di Esculapio. La Regina restò stupita di una cosa tanto meravigliosa, e se ne andò col suo pasticcio parlante nell’anticamera di Trotona.

Mentr’essa aspettava di poter passare, uno de’ camerieri le si avvicinò e le disse:

Ma non sapete, mio bel Viso-sudicio, che se il Re non pigliasse l’oppio per dormire, voi lo cavereste di cervello con tutto il chiacchierio che fate nella notte?”.

Fiorina allora capì subito la ragione perché il Re non l’aveva udita, e disse al cameriere:

Sono tanto sicura di non disturbare i sonni del Re, che stasera, nel caso che io dorma nella sala degli Echi, se non gli darete nemmeno una goccia d’oppio, tutte queste perle e diamanti saranno per voi”.

Il cameriere accettò e dette la sua parola.

Unos minutos más tarde y vio a la reina trotona fingiendo querer comer su tarta.

“¿Qué haces ahí, Viso-sudicio?” le estas.

“Señora”, dijo Fiorina, “Estoy aquí yo como astrólogos, músicos y doctores en medicina.”

En ese momento, los pájaros empezaron a cantar en voz baja, como tantas sirenas; entonces ellos gritaron: “Buttateci una pequeña moneda de plata, y le dirá la suerte”, Un anatrotto, se eleva sobre los demás, dicho más fuerte de todos: “por, a través, a través, a través; Soy médico, Curo a personas de todos los males y todas las locuras, fuera de la de amor”.

Trotona sorprendido por este milagro nunca visto en su vida, llorado, sagrando como un controlador:

“Affeddìo, lo que es un lío hermoso! Lo quiero para mí. por, Visosudicio: todo lo que pedimos?”.

“El precio habitual”, dijo, “Ecos del sueño en la habitación, y nada más.”

“Él está bien, y quiero darle esta moneda también vienen”, Said trotona, fuera de sí dall'allegrezza de haber tenido el desorden. Fiorina se va dando las gracias, todo feliz por la esperanza de que esta vez el rey oiría su voz.

Tan pronto como llegó la noche, se convirtió en plomo en el área de Ecos, pasión pegamento que se fundió el camarero mantuvo la palabra y, en lugar de dar el rey del opio habitual, antes que él puso alguna otra bebida para mantenerlo despierto; cuando podía imaginar que todos dormían, Comenzó sus gemidos lastimeros:

“¿Cuánto peligro no es lo conocí”, dijo, “a venir y probar, mientras se ejecuta y que quiere casarse con trotona! ¿Qué he hecho, cruel, olvidar lo que sus juramentos? Rammentati menos a veces su metamorfosis, del mio amore e dei nostri teneri colloqui!”.

Ella ripeté questi colloqui a uno a uno, e con tanta fedeltà di memoria, da far vedere che per lei non c’era altra cosa al mondo che le fosse più cara di questi ricordi.

Il Re non dormiva punto, e sentiva così distintamente la voce di Fiorina e tutte le sue parole, che non sapeva raccapezzarsi da dove venissero: ma il suo cuore, teneramente commosso, gli fece ricordare così al vivo l’immagine della sua incomparabile Principessa, che nel trovarsi ora diviso da lei sentì il medesimo dolore di quando i coltelli lo ferirono fra i rami del cipresso. E anch’esso si mise a parlare sullo stesso tono della Regina, y dijo:

“Ah! Principessa troppo crudele per un amante che vi adorava! com’è egli mai possibile che mi abbiate sacrificato ai nostri comuni nemici?…”.

Fiorina udì le cose che il Re diceva, e non si stette dal rispondergli e dal fargli sapere che s’egli avesse voluto degnarsi di chiamare presso di sé Viso-sudicio, avrebbe potuto aver la spiegazione di tanti misteri, fin allora inesplicabili per lui.

A queste parole il Re, impaziente, chiamò uno dei suoi camerieri, e gli disse se fosse stato possibile di trovargli subito Viso-sudicio e di condurgliela lì. Il cameriere rispose che la cosa poteva farsi in un batter d’occhio, perché Viso-sudicio era a dormire nella sala degli Echi.

Il Re non sapeva che cosa si pensare. Come poteva mai figurarsi che una sì gran Regina, come Fiorina, potesse trovarsi trasfigurata a quel modo? E come credere che Viso-sudicio avesse la voce della Regina e conoscesse tutti i suoi segreti più intimi, se ella non fosse stata la Regina stessa? Tormentato da questi sospetti si alzò dal letto, si vestì in fretta e furia, e per una scaletta segreta scese nella sala degli Echi. La Regina aveva levata la chiave: ma il Re ne aveva una che apriva tutte le porte del palazzo.

La trovò vestita con una veste leggerissima di seta bianca, che essa era solita portare sotto i suoi panni sudici e strappati; i suoi bellissimi capelli le scendevano per le spalle; era distesa sopra un canapè, e una lampada, in lontananza, mandava all’intorno un pallido sbattimento di luce. Il Re entrò dentro all’improvviso; e la passione dell’amore vincendo tutti i suoi risentimenti, appena l’ebbe riconosciuta, andò a gettarsi a’ suoi piedi, le bagnò le mani del suo pianto e credette di morire di gioia, di dolore e di mille pensieri diversi che, tutti in una volta, gli si affollarono alla memoria.

La Regina non fu meno commossa di lui; ed ebbe una tal serratura al cuore, che sentiva mancarsi il respiro. Ella guardava fisso fisso il Re, senza dir parola; e quand’ebbe la forza di poter parlare, non ebbe quella per fargli dei rimproveri. La gran contentezza di rivederlo le fece dimenticare per un momento tutte le ragioni, che essa credeva fondatissime, di lagnarsi di lui. Alla fine ogni cosa venne in chiaro, tutti e due a vicenda si trovarono giustificati; il loro amore riprese al disopra, e l’unica spina, che ormai li tormentasse, era la fata Sussio. Ma in questo frattempo giunse il Mago, grande amico del Re, in compagnia d’una famosa fata, la quale era appunto quella che aveva dato le quattro uova a Fiorina. Scambiati i primi complimenti d’uso, il mago e la fata dissero chiaro e tondo che essendosi trovati d’accordo a riunire i loro poteri in favore del Re e della Regina, la fata Sussio non poteva far altro che un bel nulla contro di essi; e che per conseguenza non c’erano più ostacoli per mandare in lungo le loro nozze.

Ci vuol poco a figurarsi l’allegrezza dei due giovani amanti. Appena si fece giorno, la voce si sparse per il palazzo, e tutti furono contenti di vedere la bella Fiorina. Il rumore di questa notizia essendo arrivato fino agli orecchi di Trotona, questa corse subito dal Re: e come rimase brutta, quando gli vide al fianco la sua odiata rivale! Mentre stava per aprir bocca e per dir loro un sacco di vituperi, il mago e la fata la trasformarono in una maiala, perché così le rimanesse un poco della sua fisionomia e del suo brutto vizio di grugnire. Ella fuggì via, grugnendo sempre fin giù nel cortile, dove fu accolta da uno scoppio di risate, che la messero all’ultima disperazione.

Il Re Grazioso e la Regina Fiorina, liberati finalmente dalla presenza di una così odiosa persona, non pensarono più che a festeggiare le loro nozze: le quali spiccarono per buon gusto e magnificenza: e c’è da immaginarsi facilmente la felicità dei due sposi, dopo tanti dispiaceri e tante traversie.

 

Domandatelo al Re Grazioso, ed egli vi risponderà: meglio diventare uccelli turchini, corvi e anche anatre palustri, piuttosto che sposare una Trotona, alla quale non si voglia bene.

Peccato che non si trovi sempre un mago o una fata per mandare a monte tanti matrimoni, dove l’amore non c’entra per nulla!

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*